-Te propondría que te quedarás, que lo intentaras, si supiera que estás enamorada de él, le quieres, sí, pero no como quisiste a..
-No, digas su nombre.
Ella sintió una punzada de dolor. Sí, había amado a... bueno, a él, le dolía hasta recordar su nombre; y le había amado tanto que sabía que ya nunca más podría querer de igual modo a ningún otro hombre, aunque él había destrozado su inocencia, había pisoteado el amor que le profesaba y le había dejado una cicatriz tan profunda en su corazón que le dolería el resto de su vida.